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Reseña de The Individualists

Una reseña del libro de Matt Zwolinski y John Tomasi sobre los orígenes, los principios compartidos y los debates entre las distintas familias del pensamiento libertario.

El documento completo se puede leer aquí, sin descargarlo. También está disponible en PDF con la identidad de ALA.

“The Individualists: radicals, reactionaries and the struggle for the soul of libertarianism” es un libro escrito por Matt Zwolinski y John Tomasi publicado en el año 2023 por la editorial Princeton University Press y cuenta con un total de 297 páginas.

La relevancia actual de The Individualists

La publicación de The Individualists se produce en un momento en el que el pensamiento libertario está captando el interés de una sociedad que no conoce ni comprende su ideario. El candidato a la presidencia de Argentina, Javier Milei, que actualmente se enfrenta al plebiscito de las urnas, ha situado en el foco de la opinión pública ideas que era muy improbable escuchar dentro del actual consenso próximo a la socialdemocracia del mundo occidental. Gracias al trabajo de este político y economista y de todos los que le han precedido y han marcado su pensamiento, el libertarismo está atrayendo más adeptos, lo que aporta esperanza a un país que lleva décadas sumido en la pobreza, y motiva a los amantes de la libertad que ven con admiración y optimismo una oleada de anti estatismo que promete extenderse por más naciones si se imponen las ideas del candidato.

Los orígenes y los principios comunes del libertarismo

En The Individualists, Matt Zwolinski y John Tomasi presentan un estudio exhaustivo de los principios que unen y separan al libertarismo, una ideología inmensa, amplia, flexible, con muchas variantes y diferencias que dan pie a intensos debates. En este sentido, identifican que en el libertarismo existe una pugna continua entre elementos progresistas a los que denominan radicals y elementos reaccionarios. Igualmente, por este motivo, es muy complejo ofrecer una definición cerrada de libertarismo, puesto que el primer autodenominado libertario, Joseph Déjacque, fue un anarcocomunista que, aunque era un pensador anti estatista, rechazaba el concepto de propiedad privada o el lucro, claves dentro de una economía de mercado.

Otros autores como Charles Sprading, defendieron que el libertarismo es un término capaz de acoger a anarquistas individualistas como Tucker, o a comunistas, republicanos y demócratas, siempre y cuando no pretendieran imponer sus ideales y valores por la fuerza. A partir del trabajo de Sprading, se toma conciencia y se puede corroborar el nacimiento del Liberty Movement, que tan solo acoge a defensores del libre mercado y del gobierno limitado, esto es, liberales clásicos, objetivistas, anarcocapitalistas, minarquistas, o neoliberales.

Sin embargo, el concepto «libertario» nace por el descrédito que había sufrido el término liberal en EE.UU. Este término fue adoptado para definir a progresistas que defendían un Estado intervencionista tanto en el plano económico como social. Por esta razón, Mencken y Jay Nock comenzaron a autodefinirse libertarios, pero fue Leonard Read, fundador del Foundation for Economic Education, quien lo popularizó en la década de 1940.

De este modo, se pueden observar seis puntos de coincidencia que pueden definir al Liberty Movement y, por tanto, posiblemente al libertarismo. Estos seis puntos son propiedad privada, libre mercado, orden espontáneo, individualismo, escepticismo con la autoridad y libertad negativa.

La propiedad privada es básica para poder comprender el libertarismo como ideología, puesto que, argumentan los autores, este es un principio moral y un derecho inalienable. La propiedad es defendida por los más utilitaristas como un medio para crear transacciones de suma positiva.

El escepticismo con la autoridad es uno de los rasgos característicos de los defensores de la libertad, puesto que no solo niegan la benevolencia de los gobernantes, sino que rechazan su capacidad de planificar la economía y la sociedad. Por otra parte, los gobernantes son tan humanos como el resto de la población y poseen los mismos vicios y defectos, por lo que no disponen de autoridad moral para dirigirnos al no ser superiores a nosotros.

La defensa del libre mercado parte del concepto de auto propiedad y de propiedad privada que tienen los autores libertarios. Según estos, la auto propiedad y la propiedad privada implican la completa disponibilidad de nuestro cuerpo y nuestros bienes y, por tanto, demandan una completa libertad de mercado. Por otro lado, la defensa de la libertad de mercado también deriva del hecho de que es una institución social descentralizada, capaz de facilitar las interacciones voluntarias de los individuos, lo que se traduce en un juego de suma positiva.

Igualmente, el orden espontáneo es esencial para entender la defensa de diversas instituciones sociales humanas que surgen a través de la interacción y sin necesidad de un diseño humano explícito, como defendía Adam Ferguson. Estas instituciones surgen y se desarrollan por un proceso evolutivo como es el caso del lenguaje, el mercado, el dinero, las tradiciones o las costumbres de los pueblos. La defensa del orden espontáneo, genera la idea de una sociedad en la que la ley no es concebida ex profeso por planificadores centrales que pretenden dirigirla desde su posición de poder. Este rechazo a los planificadores genera un gran escepticismo con la autoridad.

El individualismo se define como la metodología de estudio de las sociedades que caracteriza al libertarismo, puesto que parte de una postura en la que el individuo es un fin en sí mismo, de modo que si el colectivo tiene valor es gracias a cada uno de los individuos que lo integran. Es tan férrea la defensa del individuo frente al colectivo, que rechaza la idea de sacrificar a uno solo en favor del interés o del beneficio colectivo. El individualismo metodológico también puede desarmar la propia concepción del gobierno, puesto que éste está conformado por legisladores que únicamente actúan en beneficio propio, pues sólo el individuo piensa y no el gobierno.

El último de los seis pilares que conforman el libertarismo como sistema ideológico es el concepto de libertad negativa, siendo este concepto la base de la libertad individual, esto es, de la capacidad de ejercer nuestra voluntad sin coerción de la ley o del Estado. Se añade a este término la postura de Herbert Spencer sobre la ley de igual libertad, que afirma que cada individuo debe maximizar su derecho a la libertad individual sin limitar el derecho del resto de las personas.

Estos elementos son fundamentales para entender el libertarismo como la ideología que hoy conocemos. A pesar de que los diferentes pensadores puedan coincidir en estos seis principios, también les otorgan distinta importancia y justificación.

Los autores muestran estas diferencias a lo largo del libro realizando dos distinciones. La primera, se fundamenta en la metodología y la defensa de los seis principios que definen al libertarismo. La segunda, se basa en el contexto histórico y las alianzas con otros grupos ideológicos.

Discrepancias y debates entre las familias libertarias

La primera distinción, basada en la metodología y la forma en la que se defienden los seis valores libertarios por excelencia, da lugar a los llamados “broad libertarians” (o libertarios en sentido amplio) y a los “strict libertarians” (o libertarios en sentido estricto). Los broad libertarians engloban no sólo a los que hoy conocemos como libertarios sino que, para realizar un estudio más profundo de la familia que defiende las ideas de la libertad, Zwolinski y Tomasi tratan de ir más allá de los autores libertarios. Así, dentro del término broad libertarians integran los strict libertarians como Rothbard o Ayn Rand, los liberales clásicos contemporáneos como Friedrich Hayek, y los neoliberales como los seguidores de los principios de la Mont Pélerin Society hasta el fin de la presidencia de Milton Friedman y, por tanto, cercanos a la Escuela de Chicago. Estos últimos se diferencian de los clásicos al otorgarle más competencias al Estado en cuanto a las relaciones internacionales, además de apoyar la cooperación internacional a través de organizaciones como el FMI o el Banco Mundial. Sin embargo, Zwolinski y Tomasi no incluyen a los liberales clásicos históricos pues, como indican, son anteriores al nacimiento del Liberty Movement. No obstante, aunque no se estudian a fondo, sí se menciona a Adam Smith, David Ricardo, Jean-Baptiste Say, o John Stuart Mill, e incluso a algunos fisiócratas como Quesnay.

La primera diferencia entre los strict libertarians y los liberales clásicos que identifican los autores es la metodología utilizada. Los libertarios parten de unos principios axiomáticos, son más racionalistas y se centran más en los principios que en cuestiones contingentes y circunstanciales, mientras que los liberales clásicos son más empiristas y consecuencialistas. Los libertarios, en su defensa de los principios axiomáticos, ven sus valores como absolutos, puesto que poseen una teoría monista de la justicia -es decir, basada en unos principios para resolver problemas políticos-, haciendo de ellos unos imperativos morales que deben ser la base de una sociedad sin importar los resultados. Por el contrario, los liberales clásicos, al ser más empiristas, intentan ver los efectos de los principios que defienden, como el libre mercado o la propiedad privada. Si estos generan unos resultados que no son los esperados, pueden ceder una parte de ellos en pos del bienestar social, otorgando al Estado autoridad en algunos aspectos para conseguir aquellos resultados que consideran deseables. Por esta razón, son consecuencialistas y cercanos al utilitarismo. Así, si los liberales detectan la existencia de un fallo de mercado o se busca defender el bien común, no dudarán en limitar los derechos de propiedad en algunos casos. En cambio, los libertarios no los cederán bajo ninguna circunstancia pues son imperativos morales.

The Individualists expone la evolución histórica del pensamiento intelectual libertario desde su nacimiento en el siglo XIX. Este análisis histórico empuja a los autores a desarrollar con mesura la segunda división del movimiento libertario que se distingue por tres etapas muy marcadas. La primera, nace a mediados del siglo XIX con las aportaciones intelectuales de Frédéric Bastiat y Richard Cobden en Francia y Reino Unido, respectivamente, como oposición a la amenaza de una revolución socialista en estos países. Esta corriente se caracteriza por su corte más conservador y minarquista. A ella se unen los escritos de Lysander Spooner o Benjamin Tucker en Estados Unidos, por su rechazo a la esclavitud latente en ese país, con un corte más radical (a veces cercano al socialismo) y anarquista.

La segunda etapa surge a principios del siglo XX en oposición al New Deal en Estados Unidos, al nacimiento del Estado de Bienestar, y a la influencia de la Unión Soviética en estas políticas. Los pensadores de esta etapa, caracterizados por sus posiciones más conservadoras, están más cerca de los libertarios británicos y franceses del siglo XIX que del pensamiento radical libertario estadounidense. Por otro lado, reciben una notable influencia de migrantes europeos en EE.UU. como Ludwig von Mises, Friedrich Hayek o Ayn Rand. Todos ellos hacen oposición al socialismo y a las políticas estatistas y colectivistas. Esta segunda ola de libertarismo se extendió hasta la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética en 1991.

Tras esta etapa, el libertarismo entra en una crisis de identidad al no disponer a priori de una causa que defender. De este modo, surge la tercera ola que se fragmenta en tres movimientos diferentes. Por un lado, los seguidores del “Bleeding Heart Libertarianism” son capaces de mezclar ideas progresistas y de responder preguntas que se hace la izquierda desde una perspectiva libertaria, siendo clave el intento de reconciliar el concepto de justicia social con el de libre mercado, o de afrontar cuestiones como el cambio climático o la renta básica. En otras palabras, tratan de aunar el pensamiento de Friedrich Hayek con el de John Rawls indicando que no difieren tanto entre sí. Como resultado, surge el denominado “rawlsekianism”. Esta secta libertaria (sin ser secta un término peyorativo en este caso) se centra en la defensa de la libertad positiva, aunque la libertad negativa se vea mermada. También destaca las injusticias creadas por los problemas estructurales, presentando un enfoque menos individualista.

Por otro lado, los libertarios de izquierda tienen una tendencia hacia el anarquismo y la defensa de la ley como un elemento social que debe surgir de forma descentralizada. Hacen además una férrea crítica al crony capitalism y a la colusión entre sector privado y administración pública que genera.

Por último, los paleolibertarios, que surgen con el trabajo de Llewelyn Rockwell Jr., defienden que existe una gran relación entre la preservación de la libertad y los valores culturales que permiten su mantenimiento (es decir, los valores judeocristianos que dieron lugar a la civilización occidental), por lo que respaldan un “conservadurismo cultural”. Por esa razón, además de su defensa de la propiedad privada, abogan por ciertas restricciones sobre la migración. Destacan la importancia de instituciones intermedias como la Iglesia o la familia para la defensa de la libertad frente al Estado. Además, muestran una gran oposición a ideologías contemporáneas como la woke que, según los herederos de Rockwell, provoca la pérdida de los valores que sostienen una sociedad libre. De este modo, proclaman que el Partido Libertario ha tenido una deriva demasiado relativista y libertina, lo que generan un gran rechazo en los sectores más conservadores de la sociedad que defienden la libertad.

Una vez presentadas las corrientes libertarias surgidas en diferentes momentos de la historia, Zwolinski y Tomasi abordan varios temas importantes. A través de distintos temas de actualidad, hacen un repaso del pensamiento libertario desde sus orígenes hasta nuestros días. La selección de estos temas responde al objeto de exponer el pensamiento de autores pertenecientes a distintas corrientes del libertarismo que, presentando ideas heterogéneas, compiten por un mismo espacio ideológico.

Las posiciones del libertarismo frente a los desafíos actuales

En el primer tema que tratan en profundidad, Land, Labor, and Ownership: The Right of Private Property, mencionan a autores como Francisco de Vitoria para explicar la concepción antropológica que heredan los pensadores libertarios de la Escuela de Salamanca. Así, John Locke justificó la propiedad privada en base al concepto de la auto propiedad del cuerpo, haciendo uso de una perspectiva iusnaturalista. Sin embargo, otros autores como Herbert critican el concepto de propiedad privada y rechazan la idea de que el capitalismo surja de la justicia o, como sostiene Hodgskin, los derechos de propiedad son artificiales y surgen de la conquista y la violencia y no del trabajo. Esta idea nace de la Teoría del Valor Trabajo enunciada por los economistas clásicos, que quedó completamente desacreditada por la Revolución Marginalista. A partir de estas cuestiones, surgen debates sobre la propiedad de la tierra, la propiedad intelectual o de otros bienes, y sus límites.

En el siguiente tema (capítulo), Demystiying the State, desarrollan la lógica del anarquismo atacando a los monopolios estatales, desde el más simple (las oficinas de correos en Estados Unidos que combatió Lysander Spooner) hasta el más asentado y legitimado (el monopolio de la violencia por parte del Estado). Afirman que el mercado puede ofrecer estos servicios, y que la única forma de supervivencia del Estado pasa por el saqueo del individuo y la perpetuación del expolio legalizado, como sostenía Frédéric Bastiat. Citan a Michael Huemer, quien critica que la sociedad civil sea incapaz de hacer esto sin ser ilegal, mientras que el Estado lo hace perpetuamente sin consecuencia alguna. Además, exponen algunos intentos de sociedad anarquista como el de Long Island realizado por Josiah Warren, y el modelo de sistema de justicia que propone Godwin para regir una sociedad sin Estado, además de la propuesta de Molinari de policía y ejércitos privados.

Otro de los temas clave del libro es si el libertarismo es una ideología pro empresa. En este caso, Zwolinski y Tomasi exponen los debates entre Ayn Rand como defensora de los empresarios y del capitalismo americano frente a las críticas de Murray Rothbard al crony capitalism existente en los Estados Unidos, y a las regulaciones y el intervencionismo estatal que comienzan a introducirse poco antes del New Deal y durante el gobierno de Roosevelt. Tal y como afirma Rothbard, estas medidas no fueron para apoyar a los pobres, sino que redundaron en beneficio de las élites económicas como como fue el caso de la creación de la FED, o la cartelización y los subsidios que beneficiaron a los grandes empresarios americanos. En estas cuestiones, Rothbard se alinea con la crítica de la izquierda, con la que busca una alianza ideológica. Tanto marxistas como libertarios critican la colusión del Estado con las empresas que tan solo perjudica a los consumidores, sin embargo, unos defienden abolir la propiedad y otros suprimir la intervención estatal. El capítulo culmina con la idea de que el verdadero comercio exitoso es el que se traduce en beneficios a largo plazo para el conjunto de la sociedad, y no aquél que sobrevive a través de los subsidios del Estado. Por otro lado, proclama la importancia del empresario desde la perspectiva austriaca.

La posición del libertarismo respecto a la pobreza es muy controvertida, ya que se le acusa “darwinismo social” (en la economía de mercado solo son capaces de sobrevivir los más aptos). A pesar de estas afirmaciones, los libertarios siempre han buscado soluciones contra la pobreza, desde luchar contra el esclavismo en Estados Unidos como lo hicieron Tucker o Spooner, a defender ciertas ayudas estatales para personas que vivían bajo mínimos tal y como propusieron Friedman y Hayek, o sostener que el Estado solo defendía los intereses y privilegios de los más ricos como proclamó John Stuart Mill. Otras posiciones como la de Mises, critican el intervencionismo del Estado que se autoproclama como único defensor y ente capaz de resolver la pobreza. Spencer y Hayek denuncian los efectos inesperados de las medidas estatales, que condenan a la pobreza a mucha gente, aunque defienden la solidaridad con aquellos que padecen la pobreza por causas ajenas a sus decisiones. Junto a esto, se defiende el capitalismo como antídoto perfecto contra la pobreza, y se hace una exposición de la utilidad del mutualismo y de las organizaciones de caridad que, con ahorro privado, fueron capaces de ayudar a terceras personas en casos de pobreza o de gastos imprevistos. Otras posturas difieren de la ortodoxia libertaria. Es el caso de los Bleeding Heart Libertarians, quienes hacen una defensa de la justicia social e incluso del Estado de Bienestar en algunos aspectos por su influencia rawlsiana.

Zwolinski y Tomasi también dedican un capítulo a la cuestión de la justicia racial, tema que genera diversos debates entre las tres tendencias del libertarismo actual. Los libertarios radicales norteamericanos del siglo XIX como Spooner o Tucker, se enfrentaron radicalmente al esclavismo. Recurriendo a la Segunda Enmienda a la Constitución de EE.UU., que permitía portar armas a todos los ciudadanos independientemente de su raza, Spooner defendió la imposibilidad del esclavismo. El abolicionismo los llevó a atacar la estructura estatal como origen de toda opresión que permitía la posesión de unos hombres por otros, y que vulneraba la concepción de las leyes naturales de que el único propietario de las vidas de los hombres es Dios, como defendió el antiguo esclavo William Lloyd Garrison. Según los autores del libro, una de las cuestiones en las que el libertarismo yerra es en la cuestión de la raza, ya que nunca se incluye como factor primario de las causas del esclavismo en Estados Unidos, principalmente por la metodología individualista del análisis de la sociedad.

Se suma a estas cuestiones la dura crítica de los libertarios a la Civil Rights Act de 1964, por su rechazo a la discriminación que realiza y por los privilegios estatales que otorga a los colectivos minoritarios en EE.UU. Por estas cuestiones, surgen divergencias dentro del movimiento libertario, en el que los paleolibertarios defienden la aplicación de la conocida como rough justice. Por otro lado, para autores como Rockwell la discriminación en el sector privado no es problemática, puesto que existe el principio de libertad de asociación. Sin embargo, dentro del libertarismo surgen otros movimientos que muestran preocupación por el racismo existente en la sociedad americana, que se manifiestan en el Black Liberty Matters (conocido como el Black Lives Matter libertario) creado por Jacob Levy, las críticas del Cato Institute hacia el supremacismo blanco, o las iniciativas para acabar con la inmunidad policial americana impulsadas por el congresista Justin Amash del Partido Libertario de EE.UU.

El último capítulo del libro trata la justicia global y la no intervención, en el cual se hace una defensa del libre mercado a través de las ideas de Richard Cobden, miembro del Parlamento británico y uno de los líderes del Anti-Corn Law League que provocó la caída de los aranceles al trigo en el Reino Unido. El orden internacional para los libertarios se debe basar en tres principios clave: libertad de comercio, paz para facilitar el comercio y libertad de movimiento. La visión libertaria de las Relaciones Internacionales es cosmopolita y crítica con el nacionalismo. Junto a estos principios, los Estados deben respetar los derechos inherentes a todos los individuos, siendo clave el derecho a la libertad negativa. La libertad negativa llevada al plano de las Relaciones Internacionales, se traduce en un rechazo a la injerencia de unos Estados en los asuntos de otros. En este capítulo, se muestra la postura del federalismo hayekiano como modelo para Europa, y su crítica a la Sociedad de Naciones por intentar ser tan extensiva en su tamaño que choca con el cosmopolitismo de Mises.

También es clave la crítica que hace Rothbard a la política exterior americana, en la que intenta convertirse en policía del mundo realizando diversas injerencias en suelo extranjero. Rothbard, por su parte, apuesta por un aislacionismo político internacionalista y una estricta neutralidad que implicaría la reducción del armamento nuclear, la desaparición de las bases militares en el extranjero y la retirada de las tropas. Por eso, para conseguir estos objetivos, buscó apoyarse en la izquierda y fue uno de los causantes de la implosión de la alianza entre libertarios y conservadores, a los que describió como autoritarios, al menos antes de que su pensamiento se acercara más hacia posiciones paleolibertarias.

El libro concluye con una breve exposición de la postura de Hans-Hermann Hoppe sobre su defensa de las restricciones a la migración en una sociedad sin Estado, frente a la de Frederick Douglass, quien justifica la libertad de movimiento junto a una conclusión que resume brevemente las tres tendencias existentes en el libertarismo actual, de las que solo sobrevivirá alguna.

Comentarios finales

“The Individualists: radicals, reactionaries and the struggle for the soul of libertarianism” es un libro muy relevante para conocer el nacimiento, desarrollo y situación actual del pensamiento libertario. La obra de Zwolinski y Tomasi muestra en detalle las similitudes y diferencias que existen entre los defensores de la libertad. Anarcocapitalistas, libertarios de izquierda, clásicos, monetaristas, objetivistas, paleolibertarios, neoliberales, libertarios radicales, Bleeding Heart Libertarians, o individualistas, muestran la variedad y la sustancia que caracteriza a las familias que integran el movimiento libertario. A ojos no expertos, aunque la diferencia pueda no ser tan grande, llegan a posturas irreconciliables en temas como la inmigración o la metodología que siguen para el estudio de la sociedad. A pesar de que no se llega a tratar con profundidad el pensamiento de los liberales clásicos históricos como Adam Smith o David Ricardo, sí que se da un contexto para que sus ideas o las de autores anteriores como Francisco de Vitoria, clave para el concepto de auto propiedad dentro del libertarismo, puedan explicar la génesis del pensamiento libertario.

Los temas elegidos por los autores, aportan una orientación muy precisa para entender bien los principios de las distintas familias que defienden la libertad. Sin embargo, hubiera sido muy interesante explorar temas tan polémicos como el racismo, o incluso de más actualidad que éste y que agitan más a la sociedad como el feminismo, el movimiento LGTBIQ+, o el cambio climático. Estos temas, que actualmente están en el foco del debate público, deben ser tratados por las distintas corrientes de pensamiento dentro del libertarismo, por lo que hubiera sido un gran acierto incluirlos para mostrar claramente cuál es su posición sin manipulación y filtros mediáticos.

A pesar de ser una obra que muestra el desarrollo ideológico del libertarismo y trata de hacerlo de forma objetiva a lo largo del libro, Matt Zwolinski y John Tomasi, creadores del movimiento Bleeding Heart Libertarians, son poco objetivos al describir el pensamiento de algunos autores como Hans-Hermann Hoppe o Rockwell. Dado que este texto aporta un repaso del pensamiento libertario, debería tratar con la misma objetividad a todos los autores al margen del acuerdo o desacuerdo que se tenga con ellos. La objetividad que muestra al tratar a autores cercanos a la tendencia de Bleeding Heart Libertarians que no son partícipes del pensamiento libertario, como es el caso de John Rawls, o a autores del actual libertarismo de izquierdas que llegan a acercarse a los pensadores marxistas en sus análisis de clase, debería también extenderse a los representantes de aquellas corrientes con las que los autores están en desacuerdo.

Como se ha mencionado al inicio de la reseña, vivimos en un momento en el que el libertarismo es “trending topic” por el polémico candidato a la presidencia de Argentina, Javier Milei, que sin duda ha conseguido levantar pasiones entre los libertarios y aquellos que habían perdido la esperanza de ver una Argentina más próspera. The Individualists es un libro notable para entender la esencia de las ideas del candidato, así como las de los autores que certeramente le han influenciado. La gran aportación de este libro no solo a la academia, sino al público en general, es explicar el origen de las ideas de la auto propiedad y de la propiedad privada que defiende el economista y político argentino cuando sostiene que los impuestos son un robo o cuando califica a los políticos en sentido peyorativo, puesto que, como el resto de los libertarios, es escéptico con la autoridad. Cuando el candidato libertario defiende el libre porte de armas, parte de una concepción que va mucho más allá de una simple polémica que pueda tildarse de populista, sino que tiene su origen en la defensa de los tres derechos naturales descritos por John Locke, que deben ser defendidos por los seres humanos hasta sus últimas consecuencias, pues son inherentes a nuestra naturaleza. Igualmente, cuando Milei rechaza el aborto, lo que realmente hace es defender el derecho a la vida, una cuestión básica dentro del pensamiento libertario. Por estas razones, el libro de Zwolinski y Tomasi puede ser de gran utilidad para el lector que no haya tenido la oportunidad de conocer las ideas libertarias, puesto que sintetiza de manera muy correcta puntos bastante importantes que han moldeado el mundo que conocemos, además de mostrar con detalle el pensamiento de autores de distintas épocas que han dejado una huella aún latente en la forma en la que se estructura nuestra sociedad.

El futuro del libertarismo está en buenas manos y no parece que vaya a ir perdiendo influencia en los próximos años, al contrario, la oportunidad que ha surgido en Argentina debe ser aprovechada para extender los principios y valores que tanto bien pueden aportar a la humanidad. Las bondades del libre mercado, de la propiedad privada, del individualismo, del escepticismo con la autoridad, de la libertad negativa y del orden espontáneo deben ser presentadas y defendidas como algo bueno que traerá un gran progreso social. Por otra parte, es necesario ser cuidadosos con la manipulación mediática y la mala fe que muchos contrincantes ideológicos pueden tener para desacreditar las ideas de la libertad.

El libertarismo debe enfrentarse sin complejos y con orgullo al resto de posiciones ideológicas autoritarias, estatistas, relativistas o colectivistas que tanto daño han hecho y siguen haciendo a la humanidad.

Fuente y criterio editorial

Autoría y fecha tomadas del archivo de ALA. Se ha revisado la presentación, sin sustituir el criterio del autor. Las referencias se conservan como aparecen en el original.

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